El participio concertado en latín y griego: reflexión teórica

Una de las cosas que más me sorprenden cada día en el aula es la cantidad de teorías y sistemas diferentes que tienen que manejar nuestros alumnos para poder aplicar procesos similares.

Desde diferentes asignaturas que cubrimos terrenos conexos les hacemos operar con denominadores a veces comunes, otras contradictorios, cuando no confusos o incluso equívocos (como sucede entre el análisis sintáctico comparado entre disciplinas lingüísticas).

Cuando somos coherentes en nuestras explicaciones dentro de nuestra área,  estamos dándole cierto sentido a su aprendizaje. Y todos lo intentamos, con mayor o menor fortuna, eso sí.

Sin embargo, les pedimos flexibilidad, porque se van a encontrar, por ejemplo, con una misma estructura para la que les ofrecemos denominaciones diferentes según qué asignatura es. La misma flexibilidad que alguna vez nos falta a la hora de aceptar que el conocimiento que podemos ofrecer tiene mucho de convencional y poco de certero.

Y todo esto viene a cuento de la estructura tradicionalmente llamada «participio concertado».

A la hora de explicar a mis alumnos la estructura de participio concertado he seguido un proceso creciente, como con casi todas las demás estructuras.

Primero les trato de hacer ver que el participio funciona como un adjetivo y aparenta serlo en su forma, pues inicialmente, tenemos una relación de concordancia SUSTANTIVO-ADJETIVO. Después trato de hacerles ver cómo aparenta ser un verbo, con sus propios complementos si los hay, y cómo funciona como tal. De ahí que el participio se defina como Adjetivo Verbal.

Sintácticamente, al ser un adjetivo generaría un Sintagma Adjetival (SAdj), en nomenclatura más usada en Lengua castellana que en el análisis en lenguas clásicas. Pero tenemos otro tipo de sintagma que encaja en la posición de un Sintagma Adjetival: una proposición subordinada adjetiva.

¿Por qué? Por dos razones asociadas a su doble naturaleza: la de Adjetivo y la de Verbo:

a) Porque una Proposición Subordinada Adjetiva equivale, desde el punto de vista sintáctico, a un Adjetivo. De nuevo recordamos que la sintaxis está basada en las relaciones invisibles que conectan diferentes elementos de una oración.  Cada uno de esos elementos desempeña funciones concretas y todo lo que pueda funcionar en el lugar de otro elemento (todo lo que encaja en una posición funcional), es equivalente en su función básica. Así pues, la Proposición Subordinada Adjetiva ocupa un espacio en la oración que podría ser ocupado por un adjetivo (un SAdj.). De ahí la equivalencia.

b) Porque tenemos un verbo, que estructuralmente depende (está subordinado) a otro elemento de la oración (una proposición subordinada lo está al verbo inmediatamente anterior jerárquicamente). En el momento en que ese verbo no forma parte de una perífrasis o una locución verbal, tenemos que tener claro que toda forma verbal no principal será subordinada. (Aunque en lenguas clásicas tampoco aplicamos este análisis).

Esta Proposición Subordinada Adjetiva (de participio) puede tener las funciones propias de un Adjetivo:

  • CN (también llamado Adyacente en el caso de adjetivos en algunas nomenclaturas)
  • Complemento Predicativo.

Analizando las oraciones en griego y en latín, podemos comprobar que en la mayoría de las ocasiones parece funcionar como C.Pvo, aunque esto también está sujeto a interpretación y perspectiva teórica de la que partimos.

Y como toda proposición Subordinada, su verbo puede tener sus propios complementos (CD, CI, CC, CPvo. CReg, etc.).

En tal caso, al igual que en lengua castellana, esta estructura la denominamos Prop. Subord. Adjetiva. Para respetar la tradición de la gramática latina y que durante muchos años se ha enseñado así, insisto a mis alumnos en que añadan un apellido a este tipo de estructura: Prop. Sub. Adj. de participio concertado.

De esta forma, cualquier otro profesor será capaz de valorar que el alumno reconoce la estructura sintáctica y la denomina de forma coherente con lo que ha estudiado, junto con la denominación tradicional (morfológica) de Participio Concertado.

Lo cierto es que en las condiciones en que enseñamos latín y griego, con dos años tan solo para introducir todo un aparato teórico y práctico de gran calado y sobre el que no podemos establecer términos absolutos dada la diversidad de aproximaciones, hace que si un alumno es capaz de señalar con una flecha la relación entre participio y el sustantivo del que depende y demostrar de alguna manera que existe una unidad sintáctica entre ellos, habremos llegado a buen puerto.

 


La comunicación, la flexibilidad, la coherencia y el contexto son las claves de todo: esto hará que podamos entendernos. Partiendo de un mismo presupuesto teórico podemos llegar a visiones contrarias; partiendo de diferentes presupuestos teóricos podemos llegar a visiones comunes.