Los arqueólogos encuentran en Turquía una «puerta del infierno» de la época romana

 

Fuente: abc.es — http://www.abc.es/cultura/abci-arqueologos-encuentran-turquia-puerta-infierno-epoca-romana-201802180129_noticia.html

Los arqueólogos encuentran en Turquía una «puerta del infierno» de la época romana

Hallan en un templo de Hierápolis dedicado a los dioses del inframundo una cueva con emanaciones mortales de dióxido de carbono

MADRIDActualizado:

Muy pocos griegos y romanos bajaron al infierno y pudieron contarlo. Los mortales llegaban en brazos de Mercurio hasta la orilla de la laguna Estigia y allí Caronte, el barquero, pagado con la moneda enterrada con el cadáver, les pasaba al otro lado. En ocasiones míticas, como Orfeo, el viaje empezaba en la puerta del infierno, donde tenía que burlar al perro de tres cabezas, y era de ida y vuelta si lograba conmover a los dioses del inframundo con su arte y pedir que permitieran el regreso de su amada Eurídice a la vida. Pero también hubo quien, como Ulises, se acercó a las orillas del inframundo a consultar al adivino Tiresias cómo sería su regreso a Ítaca, para lo cual le alimentaba con sangre de los sacrificios… Beber la sangre fresca calmaba a los muertos en su mundo ceniciento. El gran guerrero Aquiles dice a Ulises al reconocerle allí: «Preferiría ser el más pobre y sucio de los rudos campesinos que se revuelcan en los estercoleros sobre la tierra, que ser el gran rey Aquiles en este mundo de sombras subterráneas».

Gruta del Plutonium por la que salen los gases carbónicos que mataban a los animales en los sacrificios
Gruta del Plutonium por la que salen los gases carbónicos que mataban a los animales en los sacrificios

De todo este comercio con el infierno grecorromano se colige que algunos mortales sabían cómo llegar. Había puertas que llevaban hasta el inframundo y una de ellas, mítica, estaba en lo que hoy es Turquía. Los arqueólogos han podido perfilar el lugar y su utilización en ritos religiosos durante la época romana en la ciudad de Hierápolis. Según han publicado en la revista «Science» Allí hay un templo que desciende hasta una gruta en la que los animales eran sacrificados sin intervención de la mano del hombre… ¿Cómo? Era la puerta del infierno

Junto a las ruinas del Plutonium, el templo a Plutón, dios romano del inframundo, todavía desfallecen los pájaros que se aventuran a volar por las inmediaciones. Caen muertos y allí quedan junto a las piedras gastadas. Hay una gruta de la que emana dióxido de carbono volcánico en concentraciones mortales.

Caronte, el barquero del inframundo
Caronte, el barquero del inframundo

En los tiempos de Roma los sacerdotes utilizaban esas emanaciones para dejar que toros y otros animales sacrificiales cayeran muertos milagrosamente, sin intervención humana, dedicados a las deidades ctónicas. Bóvidos perfectamente sanos eran conducidos hacia la boca de una gruta puesta en el interior de una estructura rectangular del templo. Morían rápidamente pero los sacertdotes castrados que los acompañaban no sufrían daño alguno. ¿Cómo era posible?

Los arqueólogos han dado con una posible respuesta a esta pregunta tras un nuevo estudio de las ruinas del Plutoium. La entrada de la gruta, o puerta del infierno, fue redescubierta hace 7 años en Hierápolis. El patio rectangular se situaba en el perímetro del templo y estaba rodeado de gradas para que los fieles se sentaran a contemplar la sagrada escena. La ciudad se sitúa en una zona geológicamente muy activa y famosa por sus aguas termales.

El entorno del Plutoium de Hierápolis
El entorno del Plutoium de Hierápolis

Esos manantiales ya eran famosos hace 2.200 años, por su poder curativo. La grieta junto al templo emite grandes cantidades de dióxido carbónico de origen volcánico que se acumula como una neblina en el cerco rectangular. Ahora esas emisiones han sido estudiadas y medidas por vulcanólogos de la Universidad alemana de Duisburg-Essen.

Durante el día, el sol disuelve la neblina, pero durante la noche el gas, algo más pesado que el aire, queda concentrado en el rectángulo como en una piscina. Es coincidiendo con el amanecer cuando la concentración se vuelve más mortal. A medio metro del suelo su concentración es del 35%, suficiente para asfixiar a cualquier ser vivo. Pero esa concentración disminuye intensamente al aumentar la altura. Así que los sacerdotes que conducían a los toros respiraban prácticamente aire puro, mientras los bóvidos iban ahogándose en cuanto pisaban el recinto.

Mercurio conducía las almas hacia el infierno
Mercurio conducía las almas hacia el infierno

Por eso los sacrificios tenían lugar nada más comenzar el día, en plena aurora. El aliento del Can Cerbero, guardián de la puerta del infierno solo afectaba a los animales que respiraban cerca del suelo. Y a medida que se mareaban bajaban más la cabeza, quedando sentenciados en minutos. Los sacerdotes eunucos, sin embargo no llegaban nunca a caer en el ámbito mortal del templo.

Estrabón visitó el Plutonium hace dos mil años y dejó escrito que los sacerdotes incluso acercaban la cabeza a la cueva (a la parte alta de la misma) sin recibir daño alguno, en un ejercicio demostratorio con algo de circense. Lo que el escritor romano pensó entonces es que tal vez la castración les salvaba de algún modo.

Lo que el equipo de arqueólogos y vulcanólogos están muy excitados por el resultado de sus investigaciones y por haber logrado demostrar que las fuentes históricas tenían, una vez más, razón. Esa es la localización de una de las terribles puertas del infierno.

 


 

Otra fuente:

http://www.sciencemag.org/news/2018/02/roman-gate-hell-killed-its-victims-cloud-deadly-carbon-dioxide

 

The ancient city of Hierapolis, located in modern-day Turkey

CaoWei/Getty Images

This Roman ‘gate to hell’ killed its victims with a cloud of deadly carbon dioxide

Is it possible to walk through the gates of hell and live? The Romans thought so, and they staged elaborate sacrifices at what they believed were entrances to the underworld scattered across the ancient Mediterranean. The sacrifices—healthy bulls led down to the gates of hell—died quickly without human intervention, but the castrated priests who accompanied them returned unharmed. Now, a new study of one ancient site suggests that these “miracles” may have a simple geological explanation.

Rediscovered just 7 years ago, the gate to hell at the ancient city of Hierapolis, in modern-day Turkey, is a stone doorway leading to a small cave-like grotto. The gate was built into one wall of a rectangular, open-aired arena, topped by a temple and surrounded by raised stone seating for visitors. The city itself sits in one of the region’s most geologically active areas; 2200 years ago, its thermal springs were believed to have great healing powers. But a deep fissure running beneath Hierapolis constantly emits volcanic carbon dioxide, which pours forth as a visible mist. The gate—also known as the Plutonium, for Pluto, the god of the underworld—is built directly above it. In 2011, archaeologists showed that the gate is still deadly: Birds that fly too close suffocate and die.

Now, a research team led by volcano biologist Hardy Pfanz at the University of Duisburg-Essen in Germany has studied the shrine’s killing potential in greater detail. Pfanz and his colleagues measured the CO2 concentration in the arena over time. During the day, the sun’s warmth dissipates the gas. But at night the gas—slightly heavier than air—billows out and forms a CO2“lake” on the sheltered arena floor. It is particularly deadly at dawn, when the CO2 concentration 40 centimeters above the arena floor reaches 35%, enough to asphyxiate and kill animals or even people within a few minutes, Pfanz says. But concentrations fall rapidly with height.

The eunuch priests likely made their sacrifices in only the morning or evening hours, when the concentration of the gas was highest, Pfanz says. Sacrificial animals were not tall enough to keep their heads fully clear of the CO2 lake, and as they became dizzy, their heads would have dropped even lower, exposing them to higher CO2 concentrations and leading to death by asphyxiation. The priests, however, were tall enough to keep their heads above the dangerous gasses, and may have even stood on stones to add to their height. “They … knew that the deadly breath of [the mythical hellhound] Kerberos only reached a certain maximum height,”  Pfanz says.

A 3D reconstruction of the Plutonium at Hierapolis. The Gate to Hell is located in the wall below the stone seating.

Massimo Limoncelli

Strabo, an ancient Greek historian who visited the Plutonium at Hierapolis around 2000 years ago, recorded that the priests could even place their heads within the gate to hell and suffer no ill effects. Strabo thought this immunity may have been due to their castration. Pfanz believes they were aware of the local chemical environment. For instance, he thinks the priests would have been careful to avoid getting too close to the gate other than at noon, when the shrine was relatively safe. Archaeologist Francesco D’Andria of the University of Salento in Lecce Italy, who led the team that discovered the Plutonium at Hierapolis in 2011, isn’t so sure. His team has found many ancient oil lamps immediately around the gate to hell, suggesting priests may have ventured near it at night despite the dangerous CO2 levels.

The new findings are “tremendously exciting,” says Gil Renberg, a classicist who studies Greek and Roman religious beliefs at the University of Nebrask in Lincoln. “This scientific information proves the veracity of ancient sources and helps explain not only why people could enter, but also why animals would die.”

It’s likely that at least some of the other Plutoniums worked in the same way. Renberg thinks the chemical survey methods used by Pfanz and his team could help provide a firmer idea of the exact location of the gate to hell at a site called Akaraka, also in modern-day Turkey.