Sobre sistemas educativos anglosajones y mediterráneos

Recientemente he estado en Holanda, en un intercambio Erasmus, y el estilo del sistema me ha recordado mucho al sistema anglosajón (modelos que por lo general dan cierta libertad al alumno, eliminan ciertos límites y restricciones para hacer las escuelas más atractivas y competitivas).

Sin que las siguientes observaciones tengan valor científico alguno, sin que puedan ser generalizables dada la gran diversidad que existe a su vez dentro de esos sistemas, quiero dejar por escrito algunas reflexiones e impresiones que espero seguir ampliando en el futuro.

Desde mi punto de vista, una primera conclusión es que el sistema educativo responde siempre a su contexto socioeconómico. Un contexto socioeconómico boyante y con sobradas oportunidades laborales, con alta demanda de trabajadores nacionales puede verse obligado a hacer «competitivas» sus escuelas. Competitivas, en el sentido de hacerlas más atractivas para atraer más estudiantes (o más bien a sus padres), con grandes campañas de marketing, muchas fotos de estudiantes felices, sonrientes y motivados, con muchos colores, mucha interactividad y muchos posados-robados.

Si hay oportunidades laborales para todos los nacionales e incluso se necesita «importar» trabajadores, es muy probable que el nivel de exigencia formativo vaya descendiendo. Es decir, para poder suministrar trabajadores rápidamente a las empresas, se forma a los estudiantes en competencias básicas, instrumentales fundamentalmente, para que puedan salir pronto al mercado laboral, y pocos de ellos necesitarán ir a la Universidad. En este camino, las normas de los centros educativos pueden ir relajándose: no es necesario contratar a formadores con un gran curriculum, sino aquellos que encajen en este sistema: si el alumno utiliza el móvil durante las clases, aunque esté prohibido, el profesor evitará el problema de confrontar al alumno. El cliente es lo primero, y el cliente no quiere una educación que le enseñe a pensar, ni tan siquiera quiere pensar. El cliente quiere consumir: dame el producto formativo (aprender competencias básicas), pero no me compliques la vida con esfuerzos mentales.

Esto no significa que no haya alumnos bien formados en estos sistemas. Los más capaces siempre aprovecharán al máximo su formación, siempre sabrán absorber todo lo que un profesor o un libro pueda transmitirles, pero en el camino, muchos de sus compañeros seguirán mirando el móvil escondido entre sus piernas, enganchados cada vez más al ocio digital conformado por imágenes, iconos y algunas palabras.

El objetivo final de esa permisividad con su ocio digital está logrado inconscientemente. El día de mañana estos alumnos que ahora se divierten durante sus horas de aprendizaje distrayéndose con sus móviles el día de mañana estarán todo el tiempo localizables para sus jefes, y no les resultará extraño tener mensajes y mensajes de su ámbito laboral que les tengan ocupados en las tareas que otros les estarán asignando. Es el chip no implantado bajo la piel, pero ya pegado a nosotros 24 horas voluntariamente.

En muchos centros educativos de España todavía impera lo que en mi opinión es un factor de protección del menor: la prohibición del uso del móvil en clase. Por supuesto, hay quien ve esta expresión, prohibición, como un rasgo carca y autoritario propio de una escuela del pasado y contraria a la tan cacareada innovación. Sin embargo, en todo el mundo existe un código de circulación de vehículos, más o menos parecido, en el que la principal de sus características es la prohibición. ¿Por qué? Porque la prohibición es un rasgo evolutivo de preservación y protección de la especie y de la vida. Del mismo modo, la prohibición es necesaria en las normas de una escuela como forma de protección de sus miembros y de preservación de su función formativa.

La prohibición del uso del móvil en clase está orientada a proteger sus espacios y tiempos de aprendizaje, y permite educar en un uso correcto y saludable en el espacio de trabajo. No es óbice para que en momentos concretos pueda aprovecharse su uso puntual, pero su presencia constante en el entorno del alumno supone un factor perjudicial que está siendo medido y tratando de ser demostrado por investigadores de todo el mundo.

En nuestro contexto socio-económico, es natural y necesario que prohibamos un elemento de ocio en el periodo de la Secundaria y que tratemos de darle un uso moderado, controlado y enfocado a cuestiones puntuales en la formación del alumno. La falta de trabajos en España obliga al alumnado a estar hiper-formado y a competir con muchos otros estudiantes en un mercado laboral difícil, sin suficientes empleos para todos, y en el que el profesorado lucha por ofrecer a todos por igual una capacitación que les otorgue las oportunidades que todos se merecen.

Jotaefedoc

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