[Salidas profesionales] Mayordomo

Una de las cuestiones qué más quebraderos dan a padres y adolescentes cuando eligen itinerarios formativos es la del futuro laboral. Elegir una vía académica u otra parece condicionar el futuro de forma indefectible.

Muchas veces, el prisma desde el que miran alumnos y familias tiene muy pocas caras y de ahí que se vea un número limitado de salidas. No es culpa de las familias: el sistema educativo y de orientación muchas veces no les presenta una información adecuada y actualizada al mundo en el que vivimos, y aún más importante, en el que les va a tocar vivir a nuestros alumnos, a vuestros hijos.

Voy a ir comentando salidas profesionales que no siempre se valoran o se conocen lo suficiente, y aprovecharé para explicar un poco más el contexto laboral que pueden encontrarse, y las cuestiones a valorar antes de tomar decisiones categóricas, que no son nunca recomendables.

Por ello, en primer lugar, establezcamos el primer principio que ha de regir la orientación laboral de un adolescente algo perdido que no sabe qué estudiar:

1.º El futuro no está escrito.

Las decisiones formativas que uno toma con 14, 16, 18 o 25 años no son vínculos contractuales y no hay que dramatizar con estas cosas.

Son muchísimos los casos de personas que estudiaron una cosa y han acabado trabajando en algo sin ninguna relación con sus estudios, casos de estudiantes que empiezan a estudiar una carrera y, antes o después, se arrepienten o se dan cuenta de que no es lo suyo y cambian de estudios, o personas que, acabada su carrera y habiéndola disfrutado, deciden emprender un camino distinto por medio de más formación en otro ámbito o entrando a trabajar directamente en un terreno profesional que, en un momento u otro de sus vidas, les atrajo.

Por ello, que un alumno vaya por Ciencias, Letras, Ciencias Sociales o Artes, lógicamente puede condicionar sus posibles futuras profesiones, pero no tanto como se dice.

En el ejemplo que traigo de El País Semanal, de un excelente reportaje de Annia Montiel, se ve claramente la multiplicidad de orígenes profesionales y formativos distintos de los aspirantes a mayordomo.

2.º No sabes qué profesión va a hacerte feliz a ti o qué forma de vida va a hacer feliz a tu hijo.

Tendemos a creer que, al elegir una formación concreta, estamos construyendo un camino hacia el éxito esperado (el que los estudiantes esperan y el que los padres esperan, que no tiene por qué ser el mismo).

El éxito puede ser cosas muy diferentes según la persona a la que le preguntes: dinero a borbotones, seguridad económica, tranquilidad, una vida viajando, vivir de una habilidad concreta, vivir en un lugar concreto (montaña, playa, islas perdidas, grandes urbes,…), tener poder, ser famoso, etc.

El éxito no es ni más ni menos que minimizar los momentos de infelicidad y conseguir oportunidades para experimentar momentos de felicidad. Los primeros se hacen amargos y siempre se hacen más duraderos de lo que desearíamos; los segundos nunca son suficientes ni fáciles de conseguir, y nunca duran todo lo que nos gustaría.

En el ejemplo de esta profesión de mayordomo de gente VIP, puede suponer el éxito para quienes se decidan por esta profesión, porque les ofrece cosas a las que ellos aspiran, cosas diferentes para cada uno: para unos, supone integrarse en un mundo donde todo es grande: grandes decisiones, grandes gastos, grandes responsabilidades, grandes problemas y grandes retribuciones; para otros supone hacer mucho dinero en poco tiempo, para poder dedicarse a otra cosa tras un tiempo prudencial; para algunos, supone la oportunidad de poner en práctica múltiples competencias y que estas sean reconocidas por gente importante; para otros tantos, es una forma de acceder a una forma de vida (lujo, viajes, gente única en el mundo, reuniones históricas, etc.) con la que de otra forma no podrían ni soñar.

3.º Cada camino que tomamos implica una o muchas renuncias que tenemos que estar dispuestos y preparados para hacer, sea cual sea su coste emocional.

Hay personas que tienen muy claro que quieren pasarse la vida viajando o vivir en otro lugar. Si son capaces de acceder a una profesión que se lo permita, tienen que tener claro que es muy probable que ello implique dejar atrás familia, amigos y su lugar de origen (aunque no siempre tiene por qué ser así).

En el caso que nos ocupa, ser mayordomo de una gran personalidad implica dedicar tu vida por completo a esa otra persona durante el periodo de tu vida que dediques a esa profesión. Como dice uno de los entrevistados, hay que tener en cuenta la soledad y la carga personal que asumes.

Y esto es algo que hay que tener claro: todo paso tiene sus consecuencias. Cuando lleguen, será el momento de lidiar con ellas, porque muchas de ellas no las puedes prever. Sin embargo, hay muchos factores asociados a una profesión que son previsibles y, en cierta medida, controlables. Hay que reflexionar mucho sobre esas futuras consecuencias y si es lo que queremos para nuestra vida, y en cualquier caso, si al final no es lo que deseábamos, siempre podremos tomar otro rumbo.

4.º La realidad que nos rodea puede no tener nada que ver con la realidad que nos rodeará en cualquier otra parte del mundo. No des nada por sentado.

Las condiciones de vida, laborales o profesionales, económicas, políticas, sociales, etc. pueden ser como la noche y el día en dos lugares que sólo distan unos kilómetros entre sí. Imagínate cuando hablamos de países distintos.

No hay que escuchar opiniones de quienes no han ejercido una profesión concreta en un sitio concreto recientemente. Hay que buscar información veraz y fidedigna de personas que hayan vivido o vivan en un sitio concreto y conozcan de primera mano todas esas condiciones. Y no sólo de una fuente, sino del mayor número de ellas.

Actualmente, gracias a las redes sociales podemos contactar con gente que participa en grupos sociales de profesionales de un sector concreto. Hay que hacerlo sí o sí. Para que te expliquen cómo están las cosas de verdad y veas si merece la pena afrontar una serie de sacrificios determinados o si es preferible seguir buscando en otra dirección.

Sí, hay que salir de la zona de confort. Sí, hay que darse muchas tortas para aprender. Pero si es posible evitar perder tiempo y dinero en experiencias que, pese a enseñarte mucho y hacerte crecer, te pueden arrebatar oportunidades mejores, hay que evitarlo.

5.º Mucha gente fracasa o no alcanza sus objetivos. No pasa nada. No hay sitio para todos.

Muchos de los mayordomos del artículo pueden no lograr su objetivo profesional por muy distintos motivos. Hay muchas circunstancias que escapan a nuestro control. Y una de las más importantes es que a veces no hay sitio para todos.

Tu posible felicidad no está atada a una profesión. Lo más probable es que tu posible felicidad esté vinculada a sentirte cada día mínimamente productivo, que has hecho algo por alguien, que has tenido un buen día con los compañeros de trabajo, que has hecho todo lo posible por hacer bien tu labor, que has ganado tu jornal para poder disfrutar de tu tiempo libre…

Si no hay sitio para ti en un sector, lo habrá en otro. Si logras estar ocupado/a en algo, bastante habrás logrado. El éxito económico llegará (o no). Pero tienes que sentirte bien contigo mismo cada día para poder seguir mejorando.

Si la profesión de mayordomo te ayuda a acercarte a tus objetivos, habrás recorrido parte de un camino muy difícil en el que muchos andan muy perdidos.

Como casi todos.

Os dejo con el artículo:

http://elpaissemanal.elpais.com/documentos/quiero-ser-mayordomo/

 

The International Butler Academy : the Art True of Service

DOCUMENTOS. REPORTAJE

Quiero ser mayordomo

Annia Montiel

6 MIN.

Habitación para la vajilla de porcelana. La academia tiene como sede un antiguo monasterio del siglo XIX rehabilitado y convertido en una enorme mansión con 135 habitaciones, dedicada por completo a la enseñanza del oficio. / FERNANDO MOLERES

Su sueño es servir a los megamillonarios: jeques árabes, nuevos magnates chinos y estrellas del cine. Para alcanzarlo reciben formación casi militar. Entramos en The International Butler Academy, donde se forma a los mayordomos del siglo XXI.

 

DOMINGO 22 DE ENERO DE 2017

Son las 7.20 y desde el ala occidental de este antiguo monasterio del siglo XIX, en un bucólico pueblecito del sur de Holanda, llega música de los Sex Pistols. La estridencia que sacude el edificio, ahora convertido en una enorme mansión de 135 habitaciones, proviene del despacho donde un hombre trabaja sentado frente a seis pantallas de ordenador. El aficionado al punk es un empresario de 58 años que antes hizo carrera como mayordomo. Se llama Robert Wennekes y ha fundado The International Butler Academy (TIBA), una de las más reputadas escuelas internacionales de mayordomos. Wennekes acaba de llegar de China, donde la academia tiene otra sede desde 2014, ante la creciente demanda de servicio doméstico de lujo por parte de la nueva clase opulenta del gigante asiático. En las próximas semanas no solo será el director de la escuela, sino el señor al que deben servir los 22 estudiantes de la tercera y última promoción del año en la TIBA.

“HE CAMBIADO MI FORMA DE COMER, DE PENSAR, DE HACER, DE MOVERME. EXPERIMENTAS UN CAMBIO INTERNO”, ASEGURA UNO DE LOS ALUMNOS

Estamos en el pueblo de Simpelveld, cerca de Maastricht, y es la cuarta semana del curso, justo su ecuador. El cansancio ya hace mella entre los alumnos. Hay latas vacías de red bull en algunas papeleras. Para desayunar, café –que se repetirá varias veces al día– y suplementos vitamínicos que apenas suben el ánimo. Hasta las ocho de la mañana, los alumnos, 7 mujeres y 15 hombres de cuatro continentes, de entre 18 y 59 años, tienen tiempo para acicalarse y desayunar antes de formar en fila en el salón-comedor. Ordenados por estatura, con la espalda recta, la cabeza erguida y las manos cruzadas sobre el vientre, esperan a que el instructor de turno les dé los buenos días y anuncie la jornada que les espera.

The International Butler Academy : the Art True of Service
The International Butler Academy : the Art True of Service
Cuidados de la vajilla y una clase de orientación espacial en la que se tapa los ojos a los estudiantes. / FERNANDO MOLERES

Los estudiantes dicen que en la escuela reina una “disciplina militar”. Alguno va más lejos y lo califica de “terrorismo mental”. “La TIBA es muy parecida al Ejército”, reconoce Flavius Jeican, francés de origen rumano, de 36 años, que habla con conocimiento de causa: en su currículo figura una década en las Fuerzas Armadas francesas. Ahora ha decidido buscarse un futuro en otra actividad bien distinta, pero regida también por normas muy severas. “Me gusta servir y me gusta el mundo del lujo”, explica. Jeican tiene dos hijos y su esposa es gobernanta en una casa en Niza.

“Si alguien llega tarde a la primera formación de la mañana, ese día se queda sin clases”, indica Cornelis Greveling, jefe de estudios y mano derecha de Wennekes. “En la vida real no puedes llegar tarde a los sitios”, añade. La vida real, uno de los argumentos que se repiten para justificar la intensidad y las estrictas normas que rigen durante las ocho semanas de curso.
La fila se rompe, los alumnos se visten un delantal y los manguitos de lana que protegen su atuendo: pantalón o falda y americana negros, camisa blanca, corbata o pañuelo en el cuello. Cada cual pone rumbo a la primera tarea del día, limpiar la casa. Barrer y fregar las estancias de la planta baja y del primer piso, las escaleras, arreglar los baños, controlar la lavandería y atender las necesidades del señor.

La tarea más delicada para un mayordomo, la que no consiente el menor despiste, es el servicio de mesa; algunas cenas con invitados requieren un día entero de preparativos. FERNANDO MOLERES

TIBA es una de las pocas escuelas para mayordomos en la que los estudiantes se forman y viven como si ya sirvieran a una familia. Rigor, disciplina, discreción, lealtad y exigencia son conceptos básicos. “Ser mayordomo consiste en hacer lo que se te pide”, recuerda Greveling. “En ocho semanas debo enseñarles muchas cosas, por lo tanto debo ser estricto, me tengo que enfadar, ser duro, para que aprendan”. Así describe Wennekes el método que ideó al fundar la escuela en 1999, cuando su agencia de contratación se veía en dificultades para encontrar profesionales. “Aquí los estudiantes no solo aprenden todo lo relacionado con ser mayordomo, sino que también crecen como personas. Deben olvidar todo lo que saben y lo que son y estar dispuestos a aprender otras formas”.

EN LAS MONARQUÍAS DEL GOLFO PÉRSICO SE PUEDEN PAGAR HASTA 300.000 DÓLARES AL AÑO POR LOS PUESTOS MÁS EXCLUSIVOS

Syed Toqeer Akram Shah, británico de 28 años que fue taxista en Birmingham hasta ahorrar los 13.750 euros que cuesta el curso para dar un giro a su vida, admite: “He cambiado mi forma de comer, de pensar, de hacer, de moverme. Experimentas un cambio interno”. Adone Hofer, un florentino de 20 años, jugador profesional de golf e hijo de una familia acomodada, asegura: “Te sacan de tu zona de confort”. La mayoría de los estudiantes cultiva el placer por la perfección, el orden y el deseo de hacer sentir bien a los demás. Alguno descubrió muy pronto la vocación. “Desde los 13 años, sé que quiero ser mayordomo”, afirma ­Laurens Lievens, belga, de 20 años, chef, sumiller y uno de los alumnos más aplicados de la promoción. “Sé que me estoy perdiendo cosas que hace la gente de 20 años, pero como mayordomo tienes la oportunidad de viajar y cada día puede ser distinto. Mi idea es trabajar para una familia y pasar 10 años en el servicio privado. Luego, con 30, aún seré joven para hacer otras cosas”, explica. Algo parecido expresa la más joven del grupo, Nina Morrone, una suiza de 18 años. “Pero los jóvenes no saben todo lo que conlleva este trabajo, la carga y la soledad”, les advierte Kolja Quintanar, suizomexicano de 48 años, ya curtido en hoteles y restaurantes.

Mayordomo, gestor doméstico o secretario personal son los rangos más elevados del servicio contemporáneo. Tradicionalmente, el oficio se transmitía de padres a hijos o se aprendía desde el peldaño más bajo de la escala profesional. Así se forjó James Stevens, el mayordomo paradigmático que interpretó Anthony Hopkins en Lo que queda del día. Los multimillonarios se han multiplicado en los últimos 10 años. Las monarquías del golfo Pérsico y Arabia Saudí; los nuevos magnates chinos e indios; los emprendedores tecnológicos de Silicon Valley; las estrellas del cine, la música y el deporte; las familias acaudaladas de toda la vida o los resorts, hoteles y cruceros de lujo son los destinos habituales para los mayordomos de esta época. Personal entrenado para dirigir a 200 empleados, administrar propiedades, gestionar un avión privado, organizar cenas multitudinarias o cuidar hasta sus últimos días a un rico moribundo. “La demanda no para de crecer”, asegura Wennekes. Pero, al mismo tiempo, la proliferación de escuelas ha propiciado que cada año salgan centenares de profesionales nuevos al mercado laboral. “Actualmente, incluso para alguien como yo, no es fácil encontrar trabajo”, sostiene Melchior van der Meulen, uno de los profesores de la TIBA y exquisito mayordomo, con más de 20 años al servicio de familias.

The International Butler Academy : the Art True of Service
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El arte de servir la mesa lleva implícita una coreografía especial, como la que se ensaya en esta imagen; y el director de la escuela, Robert Wennekes, un antiguo mayordomo holandés de 58 años que hace las veces del señor al que han de servir los alumnos. / FERNANDO MOLERES

Muchos ven las monarquías del golfo Pérsico, donde el trabajo no da tregua y la vida personal no existe, como un destino para crecer en la profesión y enriquecerse en poco tiempo. En esos países hay trabajos exclusivos por los que se pagan hasta 300.000 dólares al año (unos 290.000 euros). En el mercado también se han abierto posibilidades para las mujeres, que ya no aspiran a ser solo amas de llaves. Sobre todo en países donde pervive la férrea distinción entre los mundos femenino y masculino. Amanda Stalford, una neozelandesa de 53 años, ha pasado los últimos cuatro sin vacaciones, trabajando en el mar a cargo de yates de lujo. Empezó como cocinera, se enamoró del patrón de una de las embarcaciones y ahora completa su aprendizaje de mayordoma: “Me di cuenta de que me encanta llevar una casa, limpiar los baños, arreglar las flores, hacer maletas. Me gusta cuidar de los otros, que las cosas salgan bien y la gente se sienta a gusto”.

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Escena del día de graduación en The International Butler Academy. FERNANDO MOLERES

Con la casa limpia, a las nueve de la mañana empiezan las clases. Hay lecciones de protocolo, de plancha, de preparar una maleta, de pulir la plata, de organización doméstica, de lenguaje corporal, de cocina, de decoración floral, de trato con mascotas, de cómo ser un buen chófer o de historia de la mayordomía. Pero donde más empeño pone Wennekes es en el servicio de mesa. En la escuela bastan 10 minutos para dejarla lista. Pero en cenas con invitados, a veces se requiere un día entero. Hay que ensayar los movimientos, asignar responsabilidades, repasar cada detalle, no romper la cadencia del conjunto y, sobre todo, mantener una sonrisa natural. Es el ballet del servicio, la coreografía que embelesa a los comensales.

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El croata Viljam Zuklic se acicala para acudir a los actos del día de la graduación tras dos meses de duro entrenamiento y despedida emocionada el día de la graduación. / FERNANDO MOLERES

Detrás de los buenos modales y del trabajo en equipo, más de uno confiesa rivalidades: falta de cooperación en algunos momentos o actitudes para poner en evidencia al compañero. El examen decisivo llega en la última semana. Pese a que los estudiantes son adultos, han entrado con experiencia en algunos casos y han pagado una matrícula cara, hay quien suspende y abandona la escuela con certificado pero sin diploma. Y hay quien consigue el cum laude, el mejor pasaporte para acceder al círculo exclusivo que atiende las necesidades domésticas de las personas más ricas del planeta.

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